Hay una lógica muy común detrás de la decisión de mantener un sistema heredado. Funciona. El equipo lo sabe. Sustituirlo conlleva costes, trastornos y riesgos, y ninguno de ellos parece especialmente urgente. En muchas salas de juntas prevalece la mentalidad de «si no está roto, no lo arregles», incluso cuando los engranajes internos de la organización empiezan a chirriar y a atascarse.
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28 de mayo de 2026
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